martes, 9 de septiembre de 2008


los muros de la palabra se estrellan entre ellos cuando caen hacia dentro del ladrillo y evidencian esta física infinita del quebranto entre sus grietas fisuradas este muro es mi fisura cotidiana más superflua y más hedionda todavía que el ladrillo de la lengua que me pesa desde arriba la fisura se hace muro vaporoso y extranjero más hermoso que el ladrido del ladrillo que me guía en su cemento fisurado cuando caen estos muros hacia dentro de su escombro en las muelas más precisas de mi cráneo que se afila las palabras son los filos que permiten la fisura que es oscura y más nublada todavía cuando parto del ladrillo o de la lengua más ajena y más lejana se encarama en la cúspide del muro y besuquea bataclana la fisura acostumbrada a la palabra que me grita aún sufrimos las esquirlas del silencio que no calla en esta herida son las llagas que se estrellan hacia adentro de un silencio más redondo y más volátil todavía que el sonido desconfiado más abyecto de la boca es la fisura repetida al infinito inexistente en la noche la intemperie de la boca que se esconde ha caído al vacío fisurado y milimétrico entonces la palabra se ha perdido en el vacío del ladrillo y no hay más física posible que el desastre en sus escombros.

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